29 de junio de 2009

SPARAGMOS de Maurizio Medo por Ricardo González Vigil


CUERPO DESPEDAZADO


Por: Ricardo González Vigil

“Limbo para Sofía” (2002) nos mostró a un Maurizio Medo (Lima, 1965) en plena madurez artística. Delataba un vuelo creador ambicioso, tanto en la compleja reelaboración del lenguaje y los recursos retóricos de la tradición poética, como en la solvencia con que articulaba un libro orgánico.

Luego nos entregó una serie de breves poemarios haciendo más nítida su audacia creadora. Su aventura verbal ha despertado el entusiasmo de reconocidos poetas hispanoamericanos, entre ellos Eduardo Milán, quien lo ha incluido en su importante, a la par que provocadora, antología “Pulir huesos / Veintitrés poetas latinoamericanos 1950-1965” (editada por el prestigioso sello Galaxia Gutenberg); y ha opinado sobre “Manicomio” lo siguiente: “Una impresión de irrealidad campea a ventana cerrada y a focos encendidos —el lenguaje es violento, más que expresivo, expresionista, en continuo estado de grito, de fricativas chirriantes— [...] es la penúltima, no la última poesía peruana. No conozco un caso de la última poesía peruana cuyo lenguaje registre esta fuerza”.

Valga la aclaración: en la última poesía peruana tenemos la fuerza explosiva, expresionista, de César Gutiérrez, ya actuante en “La caída del equilibrista” (1997) e intergenéricamente incontenible en el poema-novela “Bombardero” (2008). Menos dinamitero, pero intensamente innovador, resulta también el lenguaje poético de José Carlos Yrigoyen. De hecho, la poesía peruana de los últimos veinte años ha presenciado el logro de monumentos mayúsculos a cargo de voces de diversas generaciones: Carlos Germán Belli y los mil versos de “¡Salve, Spes!”, Walter Curnosisy y el conjunto poliédrico “Rehenes del tiempo”, Verástegui y su “Ética”, y, en la misma hornada que Medo, Mariela Dreyfus y “Pez”.

Medo ha trans-escrito los textos editados después de “Limbo para Sofía” y agregando otras secciones ha articulado las 362 páginas de “Sparagmos”. En el trasfondo, reelabora el sacrificio de Jesucristo, “devorado” en el rito eucarístico, aunque la versión de Medo no es salvífica ni celestial, sino infernal. En otro plano, remite al mito griego de Orfeo (arquetipo del poeta) despedazado por las bacantes. Además, la inmolación del autor y de la palabra dialoga con las exploraciones de Huidobro en “Altazor” y de Eielson en “Poesía escrita”.

ARGUMENTO

Libro de poemas de sólida arquitectura, compuesto por “capítulos” o “actos”, en el sentido teatral. En su primera parte, aborda el cuerpo; en la segunda, el lenguaje se impregna de trance extático y desencadena el desmembramiento del cuerpo; y en la tercera asistimos a “El cuerpo muerto del autor”: el cuerpo del autor es devorado, lo que se ve simbolizado por la reescritura que hacen de sus textos los poetas Zurita, Santiváñez, Mazzotti, Hernández Montecinos, etc.

*Tomado del diario El Comercio

25 de junio de 2009

ELEPHANT GUN de Kreit Vargas


Como suele suceder en nuestra casa editorial, los libros se nos vienen uno tras otro. En este caso el interés y la expectativa puesta en el nuevo libro que Cascahuesos Editores lanza en coedición con el entrañable y amigo Grupo Editorial Dragostea, es grande, puesto que asegura en el catálogo de ambas editoriales a una de la voces jóvenes de más lucidez poética en Arequipa. Aquí los dejamos con la portada diseñada por la artista Gabriela Machicao

22 de junio de 2009

De nuevo en marcha y carátula de TEORÍA DE LOS CAMBIOS de Enrique Verástegui


Por fin, y después de muchos meses de forzadas vacaciones, reestructurando además la editorial, volvemos a nuestro trabajo con la publicación (en co-edición con Sol Negro) de Teoría de los cambios de Enrique Verástegui. Aquí les mostramos la portada del libro (cuyo diseño ha estado a cargo de Augusto Carrasco), el cual estará en circulación a partir de la primera semana de Julio.

Como un adelanto de las novedades de nuestra editorial les contamos que en esta mitad del año que nos queda, estaremos publicando una antología de cuentos de escritores que recién están apareciendo en Arequipa, preparada por José Córdova, así como las reediciones de Mate de cedrón (Lima, 1974) y Del verano inculto (Valencia, 1980) del poeta Vladimir Herrera, y Tzolkin (Ayacucho, 2002) de Álvaro Fischer Heredia; así como nuevos textos de los poetas Lolo Palza y Juan Yufra, entre otros, cuya reserva será una sorpresa más adelante.

7 de mayo de 2009

“Hasta la médula”: CASCAHUESOS EDITORES en el semanario arequipeño EL BÚHO


El 24 de febrero de este año en su edición nº 362, el semanario El Búho le dedicó una portada, en su sección “Artes y letras” a las editoriales independientes de Arequipa, que dicho sea de paso, son poquísimas. Dice la introducción: “Desde hace un par de años se viene sintiendo en Arequipa una suerte de “boom” editorial. Cada tanto se imprimen, desde funcionales plaquetas cuyo precio oscila entre los dos y cinco soles, hasta libros perfectamente editados y al alcance de cualquier bolsillo más o menos interesado en aquello que ocurre hoy y alrededores en nuestra literatura, tanto en el campo de la narrativa, de la poesía o del ensayo”.

Luego, el informe que realizó Daniel Martínez Lira, continúa con nuestros amigos de Dragostea (cuyo subtítulo es Dragostea y compañía), en la que rescatan “que este colectivo de iracundos poetas y desfachatados narradores viene sorprendiendo con propuestas poco menos que escandalosas, en el buen sentido de la palabra”.

Y líneas más abajo se dice de nuestra editorial, y bajo el subtítulo de Hasta la médula, lo siguiente:

“Sin embargo, es Cascahuesos, el otro novísimo sello, la propuesta más sólida y ambiciosa dentro de la industria editorial local. La historia es más o menos la misma. Surgido de las aulas de la Facultad de Literatura, un grupo de entusiastas poetas, entre los que se cuenta el laureado Filonilo Catalina, sin necesidad de recurrir al escándalo sobre supuestas afiliaciones sexuales, sin calatos en las portadas, deciden emprender el difícil primer tramo de un proyecto editorial lo bastante consistente como para esperar todavía crecimiento y evolución.

Aparte de apostar por nuevos valores locales o extranjeros, han publicado a un poeta chileno y están en galeradas otros dos sureños además de un mexicano, aparecen en su catálogo autores consagrados como José Gabriel Valdivia o Maurizio Medo. Es un hecho que pronto sus libros circularán por librerías de Lima y, porqué no, de países vecinos. Entre los tremendísimos poetas que están por publicar bajo su sello figuran Lolo Palza y Enrique Verástegui.

Desde la más minuciosa formalidad, como corresponde, Cascahuesos parece que tiene para rato”, ( y, ahora) “es posible, factible, desear desde Arequipa pasar del limbo inédito al caos impreso”.

25 de abril de 2009

SPARAGMOS de Maurizio Medo entre los 10 FINALISTAS en el Festival de La Lira


El día de ayer, el Jurado de Nominación del II Certamen de Poesía Hispanoamericana Festival de la Lira, conformado por Raúl Pacheco, María Augusta Vintimilla y Fernando Balseca, determinó los 10 libros finalistas del concurso. Entre 25 títulos calificados para esta instancia del certamen. Estos son:

El deseo postergado, de Mario Bojórquez (México, Lumen, 2007); Las cuatro estaciones, de Arturo Carrera (Buenos Aires, Mansalva, 2008); Demonia Factory, de Ernesto Carrión (Quito, Eskeletra, 2008); El cementerio más hermoso de Chile, de Christian Formoso (Santiago, Cuarto Propio, 2008); Alto Volta, de Yanko González (Valdivia, Kultrún, 2008); Sparagmos, de Maurizio Medo (Arequipa, Asaltoalcielo/Cascahuesos Editores, 2008); Cuerpo sin mí, de Eduardo Moga (Madrid, Bartleby, 2007); Mística abajo, de Andrés Neuman (Barcelona, Acantilado, 2008); La canción del invitado, de Galo Alfredo Torres (Cuenca, Último Round, 2008) y La santa, de José Javier Villarreal (México, FCE, 2007).

Estos libros pasarán ahora consideración del Jurado de Premiación, quien definirá el ganador del certamen. El premio conferido por la Fundación Cultural Banco del Austro es de 30 mil dólares.

12 de abril de 2009

Cantares de Orfeo: EPICIDAD e INTERTEXTUALIDAD en «Sparagmos» de Maurizio Medo


Por Darwin Bedoya

Una reflexión de John Dewey sobre la seriedad y validez de la obra de arte dice: «Cuando la estructura del objeto es tal que su fuerza interactúa felizmente (pero no con demasiada facilidad) con las energías que surgen de la experiencia misma; cuando sus afinidades y antagonismos mutuos colaboran para producir una sustancia que se desarrolla acumulativa y certeramente (pero no con demasiada regularidad) hacia la plenitud de los impulsos y las tensiones, entonces, sin lugar a dudas, estamos ante una obra de arte». Lo mismo podemos decir estando frente a la obra última de Medo. Después de Manicomio (2005), la poesía de Maurizio Medo (Lima, 1965), ha venido a ocupar un lugar espacioso en la región hispanoamericana. La aparición de Sparagmos, (Cascahuesos Editores y ASALTOALCIELO/editores, 2008) confirma nuevamente la importancia de este poeta. Sparagmos viene a ser la plenitud de los impulsos y las tensiones escriturarias, pero, sobre todo, la babelicidad del lenguaje como el gran héroe en esta larga avenida de las trashumancias y las letanías que Dios y nosotros mismos, en una ignominiosa complicidad, nos hemos honrado en regalarnos.

Ahora bien, siguiendo a Dewey, las afinidades a que hace referencia, vendrían a ser, en Sparagmos, los referentes intertextuales, que, parte de la idea, el mismo título alude: Sparagmos es lo que las Ménades de Tracia le hicieron a Orfeo: lo despedazaron, hicieron una traslación múltiple de su cuerpo (Otros como Dionisio, también corrieron la misma suerte). En el caso de Orfeo, su cabeza, arrojada al río Hebro, fue a dar a Lesbos, muchos dicen que llegó hasta allí entonando unos cánticos extremadamente fabulosos, tan profundos eran que hasta las piedras y las flores marchitas cambiaban al oírlo. Esta idea de traslación que parte desde la epicidad griega hasta nuestros días, tiene ese matiz, según Lawrence Norfolk, de corrección con esa especie de mantra que cubre a la literatura en general. En el desmembramiento o “sparagmos” de Norfolk se subastan los derechos territoriales y lingüísticos, ocurre la desterritorialización de la palabra, y eso no es otra cosa que lo que se ha venido a llamar intertextualidad según Kristeva y, en esa misma línea, aunque con otros registros denominacionales están Deleuze, Genette, Hutingartes, Garaeen y, hace poco menos de un año, las descabelladas ideas-estudios intertextuales de Lluha Fairlight en la obra de Bolaño y Pere Gimferrer. Así como en la obra de Vallejo y la de Gamoneda.

En «Verdad y método» su autor, Gadamer, utiliza el concepto de «formatio» para acuñar la idea de que el ser humano se apropia de aquello en lo cual, y a través de lo cual, se forma. La «formatio» tiene que ver con la tradición cultural, vista no como un ente monolítico, sino como una constante reinterpretación y reactulización del lenguaje configurado a través de los más diversos textos. Es el eterno devenir del espíritu; la articulación de la visión del mundo que teje el ser humano al incorporar a su «saco cultural» los símbolos, la historia, los mitos, los referentes artísticos y otros elementos que anidarán en su inconsciente. Hay un poema de Medo titulado «Síndrome Rimbaud» que concluye así: «ahora quiero escribir pero… / Me sale espuma, me sale espuma / por todos los orificios deste cuerpo. (p. 323)» Y el humanamente Vallejo sale a decirnos aquí estoy, aún vivo; ésta es la poesía.

Y es que una característica esencial de la «formatio» consiste en mantenerse abierto hacia el otro, hacia puntos de vista diferentes y más generales. Al tener la capacidad de reflejar el alma propia en la de los demás, la conciencia es capaz de operar en todas direcciones, integrándose así al devenir universal, en un sentido general y comunitario. En el poema «Centón del comedero», Medo cita un verso íntegro de Antonin Artaud: «No quiero seguir viviendo contigo bajo el miedo (p. 273)». Otro ejercicio intertextual es «Naturaleza muerta» que alude al poema «Naturaleza muerta de Franz Kafka» de José Kozer. O la alusión a Oquendo de Amat cuando éste decía «se alquila esta mañana» y Medo dice en el poema Rutina: «se alquila razón», o cuando hace referencia a Manrique en el poema Gilda y escribe: «morir no es dormir / es despertar».

Para Julia Kristeva, la intertextualidad es algo que hacen autor y lector como una práctica, es la pragmática de la lectura. Guía la traducción como lectura de textos. Y es por que en todo texto, la información auténticamente nueva es relativamente poca muy poca, lo que fundamentalmente hay son llamadas o referencias a otros textos (títulos, epígrafes, parafraseos, pies de página y otros nexos que generan híbridos de hipérbole semántica como: parodias, pastiches y el kitsch). La lectura es un reciclaje de otros textos. Incluso los textos clásicos pueden entenderse así. Kristeva desarrolla el concepto de intertextualidad a partir del dialogismo de Mijail Bajtin. Éste pretendía explicar que todo texto literario es, en el fondo, un cruce de otros textos (no existe un texto literario puro). Desde el momento en que un texto cita el habla popular, otros géneros… ya conocidos por el lector se establecen relaciones dialógicas. Por ello podemos afirmar que los únicos «textos puros» serían los libros sagrados. El mismo Bajtin habla de corrientes subterráneas que conectan diferentes textos. Éstas son cuestiones culturales que aparecen en diferentes formas de manifestación con otros nombres. Así, Sparagmos parte con tres epígrafes, uno de ellos es de Barthes, quien se refiere a la desaparición del autor y a la existencia del sujeto discursivo. Y para Medo la línea fractal, en términos de Deleuze, es la misma conexión que Kristeva llama intertextualidad, esto supone entonces la detección de que unos, —en realidad muchos textos— están conectados con otros textos. Cualquier cita, cualquier aspecto que nos suena de una novela o de una película y lo reconocemos en otra esto implica intertextualidad. Gerard Genette desarrolla más a fondo el concepto de la intertextualidad. Para Genette, lo que Kristeva llama intertextualidad debería llamarse como transtextualidad: relaciones entre textos o cruce entre ellos, pero con un basamento en la nueva escritura del autor.

En Sparagmos, como en Manicomio, lo que acontece es la escritura, la exasperación del vocabulario, el estatuto del discurso verbal que va generando una conciencia imaginista, de este modo, ciertas tendencias, como la extrema poeticidad y «experimentalaidad», la idea de disolución y a la vez la idea de congregación, lo raro y lo confuso, el fragmento, el engaño, la sofisticación, lo vago, lo fugaz, la invención de palabras, el enardecimiento de un erotismo tierno y brutal al mismo tiempo, el gusto por la estilización, la ruptura con el tiempo alienante, un discurso surrealista a la pura seña de Patti Smith; todo esto se puede resumir en una poesía que no se porta bien y que, en consecuencia, podría remitirnos a un cierto neobarroso después de Perlongher. El sentido discursivo de la obra de Medo tiene un punto de partida que es requisito indispensable para la escritura y el mundo poético: el estado de ánimo del poeta. Melancolía y locura en un vaso para beberlo a grandes tragos.

Hipócrates (460-375) fue el primer médico que consideró a la melancolía como síndrome clínico. La voz del sujeto poético de «Sparagmos» padece una profunda melancolía que a veces se semeja a la de Rimbaud, porque una melancolía de esa magnitud siempre deriva en locura y Rimbaud sentía una extrema predilección por esta forma o estado de demencia casi como Van Gogh o como el cuervo pintado en los versos de Poe, o el albatros de Baudelaire que se encargaba de despeinar la calma y la esperanza: «Qué plena la soledad cuando es anónima. / Qué inerte ésta, mi soledad, alberga un nombre (p. 102)».

Pero también, Sparagmos es un intento de asir la vida a través de la meditación de la muerte, porque sólo en nuestros límites hallamos nuestra libertad; y así, el espíritu del poeta medita a rabiar. El ser esencial del poeta busca hacer trascendente y transitiva la preocupación y la aceptación de nuestra realidad que no es otra cosa que nosotros mismos. En pocos poetas se halla tan excelente adecuación del discurso meditativo a veces y, otras veces, basada en una escritura casi desenfrenada, casi surrealista. Cielo e infierno juntos. ¿Paraíso acaso? Adecuación entre concepto poético y realización literaria. La poesía de Medo es la poesía de la verdadera acción en los límites de los límites. Sus versos presentan una intrepidez intelectual porque son el testimonio de que el poeta se encuentra en la arista de todos los riesgos, y es que en las más de las veces sitúa al lector en una disyuntiva que oscila entre la frivolidad, la preocupación, la confusión, la traslación, el homenaje y, la babelicidad del lenguaje como un remedio a la paz del poema común.

Rilke escribió: «y no tener patria en el tiempo»; las pulsaciones de la poesía de Medo son de una inminente seguridad en su estilo, en su discurso, su fenomenología poética está siempre alterada por el constante pulso del duro ejercicio interior. Esta poética alcanza una serenidad sólo posible con la plena aceptación de la vida en el corazón de la muerte. Hay una lucha intensa que va desgarrando los lugares de meditación. Hay derrumbes, rebeliones y lamentos. Erizar la piel y ablandar o endurecer el corazón, parecen ser los objetivos de este discurso. Al final diremos que son poemas como botellas cargadas de vino griego para brindar en Italia o en Croacia, pero con la plena convicción de embriagarse y luego danzar con Baco, Orfeo, Virgilio, Dante, Jasón, Ícaro, Lu, Gilda, Alicia, Sofía, Carrol, el falso Ginsberg, Rimbaud, Verlaine, Vallejo, Desnos, el mandril, Méndez, Francesca, Pound, Valdelomar, Medo, Shakira, Illia Kuryaky, Mozart y los demás.

Hay veces que en «Sparagmos» sucede una comarca sin vientos ni granizadas, pero es sólo una calma breve, una afirmación de la vida en la muerte y de la muerte en la vida, o como decía George Bataille en «El erotismo». Habitamos un tiempo donde todo está sujeto a su perecedera condición, donde ya ni siquiera los valores tienen tiempo para incorporarse y arraigar en la sociedad, todo parece que fuera solamente una interminable duda. Pero ¿debe la creación literaria y, poética en este caso, portarse bien? ¿No será más bien que su agresividad debe ser la vida o el punto de partida de su autenticidad que parte desde una épica insólita? Cada día, la poesía de Medo se torna un tanto más radical en esto: si la lengua literaria no se despliega a partir de un sustantivo anacrónico (si no nace ajena a los avatares del tiempo), sólo servirá, con mayor o menor fortuna estética, a los dictados de una moda, o —lo que es lo mismo— a las imposiciones de los cánones y entonces se tornaría en continuidad sin cambio, al margen de la intertextualidad que es más interna, más cercana y a la vez necesaria.

Si este riesgo no se le exige a la escritura poética más actual, ya no se podrá decir que son pocos los que son capaces de atreverse a dar el salto permanente en el vacío, ese salto que toda verdadera poesía debe dar. El mismo Perlongher decía de su neobarroso: que era «una desterritorialización devastadora que tomó la vida de una artificialización extrema del lenguaje». Este es un artificio del artificio porque la verdadera poesía, la que no se puede definir, sino sólo «reconocer», habla sobradamente por sí misma, no transa, exige respeto, y en suma, sale victoriosa de cualquier acoso que se le quiera hacer. Medo ha creado belleza a partir de las palabras y eso se lo debemos, nosotros, los que existimos sólo por las palabras.

Dylan Thomas un día escribió: «De los suspiros algo nace / que no es la pena, porque la he abatido / antes de la agonía; el espíritu crece / olvida y llora: / algo nace, se prueba y sabe bueno, / todo no podía ser desilusión: / tiene que haber, Dios sea loado, una certeza, / si no de bien amar, al menos de no amar, / y esto es verdadero luego de la derrota permanente». Y ocurre una similitud con Medo, en el tercer poema C@ntig@.com: «otra vez curvado ante el fulgor azulino / compongo discursos a Perséfone / conmuevan y me otorgue el don / de mar que perdí. / En esta cabina alquilada, como si amor / fuera cosa de arrendar, / (dos soles cincuenta para Ronald), / y darle al teclado mismo Mozart / hasta saber algo de ti. / Mejor el Hades que el caos donde navego / aterrado por criaturas de MTV. / Shakira, Illia Kuryaky and the Valderramas / hubiesen bastado para que Jasón abdicara. / Pero no soy un argonauta, / tengo veinte / y te amo, rpúrpura. (p. 93)». Y líneas antes, en La feria de las tinieblas, Medo nos dice: «Escupo dolor donde luna desangra. / Sobre los fuegos de destituidos. / Sobre el hambre en los platos vacíos. / Sobre las mentiras con las que remonto su agonía. / Sobre el dolor. / La noche me sedujo enjoyada en su suave piel canela, / convirtiéndome en su sombra, aún a plena luz. / —Preferiría ser ciego antes que verte partir. / —Es absurdo— respondió. / Y la ciudad se me fue a pique con su rostro. (p. 39)».

Esta remitencia al entusiasmo lezamiano o su pasión por ese cierto malditismo más tópico y real, actual —pero también tan recurrente a otra estancia de la epicidad griega y latina—, posee una prestancia que poco a poco va distanciándose de otras poéticas hispanoamericanas, inclusive de las que marcan esas mismas características. En realidad, la recreación o la traslación, el sparagmos en sí, es el de unas fuentes previas, es algo tan connatural a la literatura que con razón se ha dicho que la «Eneida» pudiera verse como una suerte de «fanfiction» de Homero, en la medida en que las aventuras de Eneas son una continuación realizada por Virgilio del ciclo troyano. Es decir, algo parecido a lo que en el cine se llama el recurso a las «precuelas» o «secuelas» de un argumento o un canto como mecanismo de formación de una serie, de modo que la «Eneida» sería una «secuela» el mismo modo que la recreación de las historias anteriores de los héroes troyanos serían una «precuela». Medo no se va a los inicios griegos/latinos para quedarse allí, pero se ampara en la estela nietzscheana como en los fragmentos de Heráclito, de Pascal, inclusive en las reflexiones de Wittgenstein, allí se advierten los textos descontextualizados, es decir des-contextos y en consecuencia multicontextos y desde ese aroma de epicidad se vuelve en un lugar de regocijo para la posmodernidad, a una cabina de Internet, a una tienda Mc Donald’s.

El mismo Derrida en un análisis deconstruccionista se refería a este asunto en su estudio sobre Rousseau donde concluía que «Toda palabra tiene un significado diferente cada vez que aparece en un nuevo contexto, y esto independientemente de la cronología y de la intención del autor». El resultado es que un texto es en realidad un número indefinido y potencialmente infinito de otros textos, tal como lo corroboraría más tarde Katherine Hayles.

Desde la perspectiva intertextual, la consideración de los hipotextos subyacentes a estos textos nos lleva a indagar sus fuentes no sólo en los conocidos patrones de la mitología (epicidad), sino en una gran variedad de textos de la tradición folklórica y/o literaria. Correlato de culturas, diría el propio Medo. Todo ello tiene que ver con una cultura de la posmodernidad, que por un lado ha hecho del reciclaje y la hibridación, dos mecanismos básicos en su producción artística, lo cual se hace patente en este nuevo libro de Medo, aquí pues las series donde el mestizaje de contenidos, géneros y técnicas aparece por doquier; como una locura muy razonada. Capaz solamente de ser reconocida desde la perspectiva de la estética de la recepción, allí donde reaparece un poeta escribiendo sobre los muros electrificados de un manicomio o un lector con sapiencia de hermeneuta envuelto en la poesía: simbiosis de la construcción artística el poder de la imaginación y la capacidad explorativa.

El sincretismo de Medo (mezcla de géneros y de motivos o mitologías) que estructura a Sparagmos, deja en suspenso marcas diferenciadoras antes aceptadas o comunes en la poética del siglo XX o en la poesía tradicional (como la extensión del poema, su ritmicidad/historicidad, su unilinealidad, la jerarquía del ritmo y partes dentro del macropoema) sería, pues, la nota dominante. Los imanes que mantienen unidas estas series poéticas en Sparagmos son el lenguaje/héroe (protagonista, cual Dante atravesando el infierno) y/o el mundo ficcional a veces como relato unido por las continuas referencias textuales que aluden a geografías (Grecia, Italia, Perú, Chile, Arequipa, Huamachuco, Cusco, etc.) y, por supuesto a los personajes mencionados líneas arriba. Son estos entes quienes interactúan como auténticos contenedores de todas las posibilidades de desarrollo. Todo ello le presta, además, un aire muy posmoderno a este libro de Medo que, en realidad recicla y recombina muchos materiales, y desmantela códigos o valores obsoletos y modernos.

Además, el carácter de obra abierta hace que tales series, en su conjunto, tengan la apariencia de un texto de múltiples escrituras que se van superponiendo, puesto que al ser un universo no cerrado sino compartido los sucesivos autores o «versionadores» irán reescribiendo estos argumentos metapoéticos o, en otro caso, irán añadiendo nuevos elementos.

El lenguaje de Medo en Sparagmos tiene también una simetría dispersa, nebulosa casi entre las fronteras del vacío en que se encuentra el pensamiento de lo que refería Lacan sobre el lenguaje (la interrelación entre estructura del inconsciente y lenguaje, la primacía del significante sobre el significado, y que sólo accedemos al inconsciente mediante la representación de las imágenes oníricas a través del lenguaje). Medo, como poeta, está interesado en enfatizar que esas imágenes tengan una significación distinta, volátil al ser parte de un flujo de imágenes oníricas que van desapareciendo con la misma celeridad con la que aparecen (El enfoque estático de la literatura ha sido sustituido por el dinamismo del postestructuralismo semiótico). Esto es, se escapan de ser atrapadas por un significado fijo y estable.

Tenemos así una primera interrelación entre la concepción del lenguaje inconsciente, según es descrito por el psicoanálisis, y la teoría del lenguaje literario propuesto por Benet, según la cual el lenguaje (comenzando por los vocablos) carece de un significado estable.

Así, el onirismo de las imágenes de la poesía de Medo raya a veces con la vigilia y lo pesadillesco. Se alberga en lo conversacional. Su discurso, desde lo retórico es una anti-retórica; desde lo metalingüístico y lo moral destruye los pilares de su mundo. Lo «maldito» no sólo está en el tema, está en la forma de escribir: «Poetas, poetas, poetas. / Esos perros cagan piedras. / Espuma y humo exhalan. / Y nunca nos dicen nada. / Son inútiles. / Jamás tendrán visa / en el nirvana. (p. 326)».

En suma, podemos decir que el aura triunfal en Sparagmos es una construcción de imaginarios lingüísticos. Estas series poéticas utilizan medios recurrentes y no recurrentes, como la formación de estos mundos autoconsistentes a través de procedimientos tomados del mito (por ejemplo, las cosmogénesis peruanas, genealogías griegas, itálicas…). Y la poesía serial de Medo es inherente a una nueva propuesta en continua expansión, que a partir de un tronco inicial se ha propuesto desarrollar múltiples itinerarios de epicidad, sobre la base del marco común de un espacio (geografía), un tiempo (cronología) y/o un repertorio de personajes.

Así pues, sobre estos pilares está construida la idea de la existencia de un patrón en esta saga poética de Medo (Manicomio, La trovata, en esencia), reunida esta vez en 370 pp., series poéticas que, más allá de las marcas de los subgéneros clásicos (barroco, especialmente), aspiran a crear mundos autoconsistentes, ensanchando siempre una especie de frontera, aparentemente indisoluble de la creación y, esa experimentalidad que desborda las márgenes de humo que pretenden cerrar el paso de una nueva poética hispanoamericana.

Ahora la extensa avenida de las trashumancias huele a vino e incienso, a chicha y flores negras; pasa un cortejo de Baco, canta la cabeza de Orfeo. Medo toca la cítara. Propercio, Tibulo y Ovidio mueren otra vez y alguien (¿Eurídice?) cerca los jardines con sus huesos: la poesía está ungida de eternidad.

2 de abril de 2009

“Literatura humilde pero rebelde”: Cascahuesos Editores en el diario EL TELÉGRAFO de Ecuador


Hace algunos días (sábado 21 de marzo) también apareció en el diario ecuatoriano El Telégrafo un informe, realizado por Fabián Darío Mosquera, sobre editoriales “independientes” o “alternativas” que están surgiendo en varios países de Latinoamérica. Este informa se centra en las editoriales cartoneras o “editoriales ‘marginales’, subversivas si se quiere, que ya esta(n) funcionando a lo largo del territorio latinoamericano: Eloísa Cartonera (Buenos Aires, Argentina), Sarita Cartonera (Lima, Perú), Animita Cartonera (Santiago, Chile), La Cartonera (Cuernavaca, México), Yiyi Yambo (Asunción, Paraguay), Felicita Cartonera (Asunción, Paraguay), Dulcineia Catadora (Sao Paulo, Brasil), Mandrágora Cartonera (Cochabamba, Bolivia) y Yerba Mala Cartonera (La Paz, Bolivia)”.

Después de centrarse en el surgimiento de la editorial Santa muerte cartonera de Héctor Hernández Montecinos, se hace un repaso de las cartoneras latinoamericanas en donde se argumenta que “parte del éxito de estas editoriales pequeñas se basa en la posibilidad de captar, junto con nombres de escritores incipientes, que buscan alternativas de difusión, trabajos de autores que puedan considerarse capitales dentro de la tradición literaria reciente de sus países”.

El informe agrega que, según Paúl Guillén: “Las editoriales alternativas —no solamente cartoneras— forman una red simbólica de poder frente a las grandes transnacionales que quieren dictarnos qué leer y qué pensar; (…) (pues) estas editoriales son un medio, contra lo hegemónico, de subvertir esos poderes”. E inmediatamente seguido se menciona “la labor de editoriales como El Billar de Lucrecia, de México, Tsé-Tsé, de Argentina, El Álbum del Universo Bakterial, Lustra y Cascahuesos, de Perú, entre muchas otras”, las mismas que van configurando “un ‘mapa alternativo’ de la literatura latinoamericana”.

29 de marzo de 2009

Las POSTALES de José Gabriel: entrevista de Alberto Jesús Salas Oblitas


“Una espontaneidad que busca no mancillar el trabajo poético”

Por Alberto Jesús Salas Oblitas

Lo primero que me resultó agradable cuando al fin nos sentamos y nuestra plática comenzó, fue que José Gabriel Valdivia Álvarez no sólo es catedrático y poeta sino que es ante todo un gran interlocutor. La que habría de ser una breve entrevista creció en apreciaciones de todas las índoles dentro de una profunda preocupación humanista. Las guerras por el petróleo, los conflictos israelí-palestinos, la política incierta de algunos socialismos latinoamericanos y la historia que parece inaprehensible pero que es tan urgente comprender. Hablar de lo humano como algo de lo que todos somos cómplices fue parte de la honda ganancia que adquirí realizando la siguiente entrevista a propósito de su último libro de poemas titulado Postales.

JGV también ha publicado los poemarios: Grafía en 1984 (Premio Festival de la Juventud. Moscú 1985), Versolínea en 1985, Al filo de la gravedad (Premio Juventud de la Municipalidad del Distrito de Cerro Colorado 1987), Flor de cactus y otras espinas (Premio Nacional de poesía César Vallejo 1987) que sería traducido al francés como Fleur de cactus et autres épines; y su antológica Funesta Trova en el año 2003.

Introduzcámonos en la historia de cómo llegó a concebir su poemario Postales?

Fue durante los años noventa, cuando empecé a preocuparme por la consición, la brevedad. Presenté algunos poemas de esta tendencia al Concurso de la Municipalidad de Paucarpata, obtuvieron alguna mención y quedaron allí por el momento. Pero entre los años 2000 y 2002 comienzo a enfrentar el problema de la escritura breve. A los poemas que produje los llamé Postales Peruvianas, pero luego sólo Postales. Quería hacer de la postal una forma literaria, recuperar el espíritu de lo breve. Pero también hay cierta íntima complicidad.

Los poemas parecen evocar constantemente algo que el lector “ya sabe”.

Bueno, yo tenía también una intención en el plano comunicativo. Hay un emisor que envía una postal a un receptor. Una de las urgencias es ser breve, y la postal permite la espontaneidad y la emotividad que corresponde al momento. La tecnología también va hacia la brevedad.

Como en los e-mails o los mensajes de texto.

Sí, el famoso mensaje de texto que te parametra y encuadra. La época está tendiendo a la brevedad, parece que lo comunicativo pesa más que lo emotivo.

Pero yo creo que también en un SMS, con los escasos caracteres que te permite, es posible ser espontáneo y transmitir una cuestión emotiva y no sólo informativa. Esto he trabajado ex profeso en Postales, una espontaneidad que busca no mancillar el trabajo poético, pues éste deberá finalmente brillar por encima de todo. Así, en primer lugar estaría el trabajo de la palabra, del lenguaje, fundamentalmente de la figura y para esto asumo el prosaísmo. El ritmo en Postales es prosaico, no versal.

Veamos el aspecto temático del libro. En el primer apartado “Rondas Infantiles”, ¿cómo participan la herencia, la fecundidad y la muerte?

Respecto a la herencia, definitivamente todo poeta trata de instalarse dentro de una tradición, pelea con esa tradición y también trata de diferenciarse de la misma. Si hablo de mi herencia poética estaría enmarcada en Westphalen y en el surrealismo, tanto en Molinari como en Kavafis.

Respecto este último, cuando lo descubrí tuve una emoción tan intensa que me llevó a leer y releer su poesía muchas veces.

La fecundidad, bueno. Al pelear con la tradición, uno no sabe hasta dónde se está siendo nuevo, se está renovando o utilizando la herencia. En los poemas a la madre, sin duda, el gran ideal es sobrepasar a Oquendo de Amat o a Vallejo.

Respecto a esto, en “Mater Familiae” usted escribe en un tono bastante vallejiano.

Sin duda, hay una sombra del gran poema de Vallejo en Trilce, “Muerte Inmortal”, o de todas las reminiscencias que hace de la madre, “He vuelto a Santiago…”. La presencia de la madre en Vallejo es fundamental respecto a la ternura, en expresiones como “Está tan alas, Está tan amor”. Y también la madre que se relaciona con el alimento, toda esa atmósfera es vallejiana. Pero desde allí el enfrentamiento se da en el lenguaje. La atmósfera es vallejiana pero he tratado de utilizar un lenguaje que lleve mi marca personal.

“Homínicas”, el segundo apartado, trata los temas de la violencia y la muerte, en un profundo sentir andino con elementos como la tierra y la dulzura que sorprendentemente se une a toda la desgracia del terror. Usted, ha ingresado en los años de violencia que pesan tanto sobre nuestras sociedades. ¿Qué nos podría decir al respecto?

“Homínicas” es un neologismo que significa más o menos “de los seres humanos”. Sin duda, nace de la violencia de los ochenta, mi relación con Amnisty International y el haber llegado a conocer todo ése dolor que nos parece imposible. “Homínicas” me lleva a lo andino en su paisaje o en el pasado remoto, cuando incluso me acuerdo del Huillca Uma que quiere exorcisar la tragedia. Después de mucho tiempo en ignorancia, gracias a la Comisión de la Verdad, comenzamos a comprender lo que realmente aconteció. La imagen más dolorosa que presencié fue la de una mujer que sólo pedía algún resto del cadáver de su hija para poder enterrarlo. La violencia sólo la conocíamos por los periódicos.

Y el apartado “Ecológicas”…

Lo que he tratado aquí es de acercar al hombre y la naturaleza. Por ejemplo, la rosa es una flor y no sólo un símbolo, pero nuestra civilización sólo aprecia el símbolo. También trato de ironizar: Las muchachas que abandonan sus cabellos adornados con flores naturales para usar hebillas, o el río que comparo con el hombre y viceversa. Pero también, en “Ecológicas” hay un poema curioso que introduce un juego entre destinador y destinatario.

El poema comienza anunciando “Por Martín Adán”, esto establece una ambigüedad, ¿cómo funciona dicho juego en el poema?

Es un homenaje que busca encarnar la escritura de Martín Adán. “Por” o mejor “a la manera de”, como si Martín Adán guiara mi mano. Pero lo que yo recupero allí es la emoción de su muerte. Es un homenaje.

Al respecto, recuerdo que en “Tarjeta Postal” de Jacques Derrida, había una imágen muy graciosa donde Sócrates, sentado en un escritorio medieval, escribía lo que Platón le dictaba detrás de él. En su caso, el que está en el escritorio es Martín Adán y quien le dicta detrás, es usted. ¿Quién le dicta a quién: el discípulo o el maestro?

En el caso de Derrida se trata de un juego irónico frente al sentido de la escritura. Sin duda el autor de los “Diálogos” es Platón ¡Pero quién le está dictando a quién! (Risas).

Y algo más, el colofón entre paréntesis…

Bueno esto lo aprendí de Sologuren, de “Un pájaro, un trino, una ventana vacía”, uno de sus más bellos libros. Cuando tú terminas de leer el poema “caes” en el colofón, puedes volver a leer y corroborar o no lo que estás leyendo porque el título sería una antesala, aquí no hay antesala, puedes correr al final… Es un juego simplemente formal.

Ahora, pasemos a “Coplas”, éstas no son las coplas “clásicas” ¿Cuál ha sido la intención de titular “Coplas” a estos poemas?

Sin duda el espíritu de la copla es la brevedad y la improvisación, lo que intenté fue captar lo instantáneo. La post modernidad me permite realizar estas “ondas retro”: ir hacia el pasado, traer formas antiguas e interpretarlas según me parezca. Sin embargo, la copla es una cuarteta improvisada y ése espíritu espontáneo es el que trato de llevar a los temas más diversos con un tono reflexivo, a pesar de ser instantáneo.

A propósito de esto, creo que todo el poemario te invita a seguir “pensando el poema” De allí quizá también se podría pensar respecto a los versos finales del poemario: “En caso de incendio, estas postales tírelas al fuego/o úselas para pedir auxilio” que la invitación a incinerarlo es como dejar las palabras en una lectura íntima, cerrada y “utilizarlos para pedir auxilio” sería como invitar a continuar escribiendo el poema…

Sí, en todo caso, toda postal espera una respuesta o que una vez escrita y enviada, pueda llevar a una contestación.

* Publicado en el semanario arequipeño Vista Previa, 16 de febrero de 2009. Extraído del Blog Film Biológico.

24 de marzo de 2009

“Aguerridos y disidentes”: Cascahuesos Editores en el diario LA NACIÓN de Chile


El pasado sábado 21, el poeta chileno Felipe Ruiz escribió un artículo en el diario La Nación de Chile titulado “La nueva poesía peruana: a la vanguardia”. En él plantea que en Lima están “los poetas más efervescentes del Perú” y que es “un movimiento de nueva poesía que desprecia los conservadurismos y se siente heredera de Vallejo, Cisneros, Watanabe, Verástegui”.

Y líneas más abajo, refiriéndose a nuestra ciudad y en especial a nuestra editorial junto a dos de sus editados, en un acápite titulado: Aguerridos y disidentes, Felipe dice: “Pero no todo ocurre en la capital. Arequipa también es reconocida como uno de los centros culturales de Perú, y la ebullición poética allí está que arde. Dos de los nombres más reconocidos en esta ciudad son Maurizio Medo y José Gabriel Valdivia. Allí también funciona la editorial Cascahuesos, que ha sabido generar un buen catálogo de autores”.

Luego continúa diciendo que “Arequipa es lo más parecido a un pequeño paraíso culinario. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, la capital cultural del Perú es una región prolífica de artistas y lugares propicios para amenizar reuniones poéticas”.

También comenta que en el encuentro internacional Chile Poesía del 2007, estuvieron reconocidos poetas peruanos y chilenos y que uno de los invitados: Raúl Zurita, comentó que “la poesía peruana es de una enorme variedad y vitalidad, y los mejores poetas peruanos tienen siempre algo de pioneros, abren zonas nuevas, desconocidas, de la lengua y de la experiencia humana. Eso fue Vallejo, Eielson, eso es el gran Antonio Cisneros (qué buen premio Neruda sería), Enrique Verástegui, Roger Santibáñez, Carmen Ollé, Domingo de Ramos, Maurizio Medo, Miguel Ildefonso, y sigue”.

Finalmente termina el artículo hablando de la recientemente desaparecida Blanca Varela: “Es curioso que hace tan sólo unos días haya muerto la poeta Blanca Varela, insigne vate peruana, a la edad de 82 años. Ella recibió el Iberoamericano de Poesía y Ensayo Octavio Paz y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, pero era casi una desconocida en nuestro país. Sería un excelente homenaje aproximarnos a la demoledora tradición de la poesía peruana, que va a la vanguardia, con todo”.

* En la imagen: el poeta chileno Felipe Ruiz. Tomada de letras.s5.

17 de marzo de 2009

La BREVEDAD de los versos: entrevista a José Gabriel Valdivia en el semanario El Búho


El poeta José Gabriel Valdivia acaba de presentar su más reciente trabajo, “Postales”, un viaje por el minimalismo de la poesía, concebido en los años 90. Un proyecto que no busca modificar el lenguaje ni la actitud poética, pero sí la forma del poema.

La característica principal de Postales es la brevedad de los textos…

Exacto. He querido ejercer la brevedad como la forma más cercana de expresión natural, espontánea, de uno mismo. Uno de los principales elementos de la creatividad es la espontaneidad, y la espontaneidad demanda ser breve. Sin duda, entre mis héroes poéticos destaca Westphalen que, a diferencia de Eielson, no arribó al silencio, pero sí a la concisión o a la precisión de la palabra, y claro, con esa rutilancia estética o brillantez que acompaña siempre a la buena poesía. Por otro lado, la sociedad misma nos exige ahora ser breves.

Postales, como título para un poemario es sugerente. ¿La brevedad poética tiene que ver con ese destello fotográfico o de la memoria?

La postal en sí misma es un icono gráfico que captura un instante que, de algún modo, compartes con quien está ausente. Estos poemas son un poco eso. Los escribí pensando en aquellos momentos compartidos con tal o cual persona, en la mayoría de los casos aparecen sus nombres en las dedicatorias. Pero mi intención fue registrar un momento único, una especie de revelación o epifanía sentidos en la brevedad de un segundo. Bueno, además la postal representa la brevedad si la comparamos con la carta. Desde el punto de vista ideológico, en una sociedad tan hipnotizada por la imagen, me gustaría que ésta fuese igualada o superada por la palabra en su intensidad.

Siendo un proyecto que iniciaste a mitad de los 90 con poemas sueltos, ¿te costó luego armar el poemario de manera, digamos, coherente?

No quería que el poemario se convirtiese en una colección de poemas sueltos. La data de la escritura original de cada poema es muy diversa, pero en el proceso de la composición final descubrí una línea existencial que me ayudó a organizar los textos de manera que pudieran leerse uno después de otro. Cuando hallé esa línea existencial, los poemas fueron encajando.

Existen algunos poemas sobre relaciones filiales…

Sí. Gran parte de Postales explora, en alguna medida, mi relación con mis hijos. En parte tiene que ver con los prejuicios del machismo. A la madre le está permitido expresar libremente todo el cariño que pueda sentir por sus hijos, pero a los padres no, se les pone una serie de trabas. Escribir poesía exige también estudio. Incluí en el libro una serie de epígrafes, citas de diferentes poetas, que abordan el tema filial. La cuestión filial, la relación entre padres e hijos, se ha convertido para mí en un tema recurrente.

¿La brevedad se adapta bien a estos temas?

Sí, además existe ya toda una tradición literaria al respecto. La copla, el madrigal, el epigrama. Parte del juego posmoderno es rastrear el pasado en busca de viejas formas literarias y rescatarlas al presente, pero ya de manera distinta. Pero, por otro lado, me impuse también una especie de reto como poeta. Desde hace unos años, debido a mi función como docente universitario, estoy en constante contacto con jóvenes bastante más cibernetizados que yo. Un día charlando me informaron que no se podía mandar un mensaje de texto que superara los 156 caracteres. Después de exceder ese número se va borrando tu mensaje. Me propuse entonces, de manera específica, que ninguno de estos poemas fuese más extenso de lo que un mensaje de texto podía ser; y conseguir en 156 caracteres decir todo lo que quiero decir como poeta, como hombre, como padre.

¿Qué se sacrifica con la brevedad?

Definitivamente, el poeta sería el único gran sacrificado. El poeta siempre quiere decir más. Pero el poema tal vez no necesite decir más nada.

* Entrevista e imagen tomadas del semanario El Búho nº 354, 9 diciembre de 2008.

8 de marzo de 2009

RUPTURA POÉTICA (Entrevista a Maurizio Medo en la Revista Caretas nº 2067)


Poeta Maurizio Medo llega con nueva publicación que representa la creación de una ciudad nueva con sus propias leyes gramaticales.

RUPTURA POÉTICA


Maurizio Medo no encuentra romance en publicar, aún así posee una amplia producción poética, principalmente surgida en el exterior. Para él, Sparagmos, una co-edición de Asaltoalcielo y Cascahuesos, nace ante la necesidad de dialogar con su ciudad. Aquí una conversación con el autor.

–¿Cómo se vincula el término griego sparagmos con la naturaleza de su obra?

–Lo elegí en base a la idea de Barthes: el cuerpo muerto del autor. Sparagmos es un sacrificio, designa el desmembramiento de una persona. En este caso el autor asume ese destino para constituirse en el pan de la tribu, que son los lectores.

–¿Cómo surge este poemario?

–Mi idea era la de construir una ciudad donde los habitantes, que son uno o ninguno o muchísimos, hablen su propia lengua y, a la vez, puedan encontrarse y entroncarse con otras ciudades de ese país llamado Tradición Literaria, viviendo de un trueque de símbolos con sus vecinos, los otros escritores.

–¿Esta comunicación entre escritores se da sólo en la poesía?

–Se da en todos los aspectos de la literatura. La literatura es una serie de vasos comunicantes que hacen que lo que estamos haciendo sea un gran libro único, pero creo que todos lo olvidan o no quieren recordarlo.

–¿Tienes ya en mente alguna próxima publicación?

–Constantemente estoy produciendo, pero yo nunca pienso en libros. Uno debe publicar cuando tiene algo que decir. A algunos autores les gustó tanto lo que dijeron que hablan siempre de lo mismo. Todo libro debe ser un acto de reinvención. (Juan Carlos Gambirazio).


*En Revista Caretas nº 2067. También apareció la noticia de la presentación aquí y aquí.

27 de febrero de 2009

Presentación de SPARAGMOS de Maurizio Medo en Ksa Tomada


Cascahuesos Editores, ASALTOALCIELO/editores & Librería Ksa Tomada se complacen en presentar:

SPARAGMOS
de Maurizio Medo

La presentación estará a cargo de:

• Luis Fernando Chueca
• José Carlos Yrigoyen
• Diego Sánchez

Día: 4 de marzo.
Hora: 7:30 p.m.
Lugar: Ksa Tomada Café & Bar (Avenida Conquistadores 1238-San Isidro).


SOBRE EL LIBRO:

«Hay una línea experimental y espesa en la poesía moderna donde el poeta corre el riesgo de hacer una escritura de ruptura que amén de original es verdadera: no siempre lo es, en esta línea de escritura hay mucho fraude y mentira, una buena dosis de falso experimentalismo: pero cuando esa línea es profunda, y se construye atenta a la dificultad de expresar mediante el lenguaje la compleja interioridad del ser humano, de su realidad y de la realidad del misterioso Universo, entonces se produce una poesía cuya belleza y sentido de la ulterioridad a través del lenguaje, es para todo los tiempos. Tal es la poesía de Maurizio Medo, ése su riesgo como poeta: fruto de ese riesgo y compromiso responsable con la verdad poética es la obra que viene escribiendo, y de la que Manicomio o Sparagmos son muestras señeras».
José Kozer

«La poesía de Maurizio Medo es esa multivocalidad donde habla a veces un beat y al lado un dolcestilnovista hilados por un tiempo poético que parece desoir el abrumador tiempo histórico presente, muy lejos de terminar. Hablan voces venidas del costado que ladean no al canto: a la posibilidad abierta, en interrogante, del pájaro parado sobre su garganta. Hay un poema de la ciudad seca que habla con el zen lluvioso de la montaña. A la par, siempre a la par. ¿Cuál montaña? Una de Perú, una del Tibet, una de Bolivia. Lo que costea el canto en su ir de costado no es el hundimiento de un barco. Parece, mejor, un horizonte en construcción. ¿Eso está bien? Pienso que sí. Hay que recordar que la pérdida de memoria alude a la ausencia de horizonte del propio horizonte. Si lo que levanta está atravesado por el grito es porque ya no hay otra manera».
Eduardo Milán

«Poseedor de vastas lecturas y enorme cultura Maurizio se apropia lúcidamente de la tradición, para devolvérnosla convertida en un nuevo canto, donde el poeta se ha fajado con la voz del lumpen, con el giro coloquial, con la imprecación urbana, la soledad de la memoria infantil, el álbum familiar; la insondable bóveda del universo como enigma metafísico, en suma. Por eso es capaz de escribir: “¿y qué es la sabiduría / sino esa vieja canción, vinilo / en 33 rpm que gira y gira / sobre un tornamesa que extravío / en alguna oreja / su volumen?”».
Róger Santiváñez

«Maurizio acaba de publicar un libro del que lo menos que se puede decir es que se trata de algo impresionante. Reúne su obra pero es mucho más que una simple recopilación, lo que tratándose de su poesía ya sería remarcable, pero se trata de un tejido donde pareciera que todo está vuelto a crear o se vuelve a crear en ese instante. Es una poesía barroca pero que desnuda los facilismos y pseudos oscuridades de los barrocos, es poesía conversacional pero que desnuda las momificaciones del conversacionalismo para volver a otorgarle a nuestras hablas y jergas todo el poder desmembrador que éstas tienen, su fuerza siempre creadora y nueva, su subversión contra las formas anquilosadas. La obra de Maurizio es una inmensa explosión, como una supernova que estalla y cuya luminosidad final es distinta a la suma de estrellas que la componían y donde viajando a la velocidad de la luz esas esquirlas luminosas que son sus poemas alumbran porciones de este mundo, de esta realidad, de estos Perú que todos somos».
Raúl Zurita


SOBRE LOS PRESENTADORES:

LUIS FERNANDO CHUECA (Lima, 1965). Ha publicado los poemarios Rincones. Anatomía del tormento (1991), Animales de la casa (1996), Ritos funerarios (1998) y Contemplación de los cuerpos (2005). Ha escrito además numerosos ensayos sobre poesía peruana contemporánea, algunos de ellos incluidos en el libro En la comarca oscura. Lima en la poesía peruana 1950-2000 (2006), escrito junto con Carlos López Degregori y José Güich. Integra el comité editor de Odumodneurtse. Periódico de poesía y de la revista de literatura Intermezzo Tropical. Actualmente ejerce la docencia en las universidades Pontificia Universidad Católica del Perú y Universidad de Lima.

JOSÉ CARLOS YRIGOYEN (Lima, 1976). Estudió Comunicaciones en la Universidad de Lima, donde obtuvo el primer premio de los Juegos Florales en 1996. Al año siguiente publicó el poemario El libro de las moscas. Luego siguieron El libro de las señales (1999), Lesley Gore en el infierno (2003) y Los días y las noches de José Carlos Yrigoyen (2006). Actualmente prepara un ensayo sobre lo freak en el cine de Pier Paolo Pasolini y traduce al poeta norteamericano Charles Olson.

DIEGO SÁNCHEZ HIDALGO. Artista Visual con especialidad en pintura, desarrollo de conceptos visuales utilizando diversas técnicas tales como: mural, holografía, ensamblaje, fotografía, video, ilustración, entre otros. Experiencia en proyectos y muestras conjuntas, asesorías visuales y enseñanza teórica práctica en entidades educativas. Creativo para elaboración de conceptos e ideas, y el desarrollo de propuestas artísticas integrales. Experiencia con grupos interdisciplinarios.

22 de febrero de 2009

Maurizio Medo: La Novela es una INVENCIÓN de la Poesía


LA NOVELA ES UNA INVENCIÓN DE LA POESÍA

Por José Córdova

Los últimos años han sido para la poesía de Maurizio Medo (Lima, 1965) sumamente importantes. Libros como El hábito elemental o Manicomio —considerados por un sector de la crítica como canónicos dentro de la nueva poesía latinoamericana—; los ensayos y tesis escritos sobre los mismos; su presencia en antologías de la envergadura de La mitad del cuerpo sonríe: Antología de la poesía peruana contemporánea, de Víctor Manuel Mendiola o Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos (1950-1965), de Eduardo Milán, hacen que este poeta (poco conocido en el país) se haya convertido en uno de los fundamentales dentro de la poesía hispanoamericana. Este viernes 26 de diciembre en el Zorba's bar, las editoriales Cascahuesos y ASALTOALCIELO presentarán su libro Sparagmos. Aquí una entrevista con el autor.

—“Sparagmos”… ¿qué significa? ¿No te parece que elegiste para tu libro un título que, para muchos, podría resultar extravagante?

En sí, escribir en estos tiempos ya es algo que resulta extravagante, ¿no?; creo que todo título también lo será como la mayoría de “nombres” elegidos desde la arbitrariedad Sakra Boccata, Parabellum, Labranda, Pachak Paqari, —nombres que se me vienen a la mente en este instante—, también lo son. Pero, estoy seguro que sus autores los eligieron no en función a un “mercado” o a un “público” (que en poesía está en extinción) sino por tratarse de representaciones idóneas para sus propuestas —acá no hablamos de productos— o simplemente porque les dio la gana.

“Sparagmos” es un antiguo término griego utilizado para designar el desmembramiento, que es lo que las Ménades de Tracia le hicieron a Orfeo. Recordemos el mito: su cabeza fue arrojada al río Hebro, desde donde acabó por hallar tierra y sepultura en la isla de Lesbos. Sobre lo mismo, Eurípides en Bacantes narra el “sparagmos” como un rito del culto dionisiaco: en la oscuridad de la noche ocultas en los bosques de las montañas, las bacantes descuartizaban una víctima y comían su carne cruda.

—¿Y cuál sería su relación con la poesía?

Volviendo al relato de Eurípides, la esencia del ritual de las bacantes, de ese sparagmos, infringía todas las leyes básicas del culto oficial. Hay un aspecto muy interesante en el dionisismo: la búsqueda por borrar, o quizá mejor, trascender, las barreras entre el mundo civilizado del hombre griego y el mundo salvaje, enarbolar el instinto sangriento e irracional, e identificarse plenamente con la divinidad. Creo que las propuestas poéticas que más me han interesado tienen algo de esto: trascender las barreras entre el lenguaje civilizado y el habla salvaje. En mi caso aquí el “sparagmos” es perpetrado por las palabras, los idiomas y el sacrificado es el propio autor.

—Hay algo que llamó mi atención, en tu libro, el “nombre” del autor, Medo, es sustituido por Μηδο, ¿cuál es el sentido de esto?

Es un homenaje a la idea de Barthes de “la muerte del autor”, con la que me identifico plenamente, y he citado en más de una oportunidad. También concibo la escritura como “la destrucción de toda voz, de todo origen”. El sujeto, y aquí viene otra vez Barthes, es solamente ese lugar neutro, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe. ¿Por qué convencerse de que Μηδο es Medo, Maurizio Medo? Y más aún en una obra, al menos así lo pretendo, en donde lo polifónico sustituye, en algunos momentos, la monofonía coloquial —que no es lo mismo que oral. Por ello, también, el primer capítulo de la novela se titula “Cuando el autor creía”, y el último “El cuerpo muerto”. Infantas me decía que nadie hubiera podido escribir este libro por una razón: por el cruce de culturas, porque el sujeto surge de una hibridación, de un cruce, añado de una sinergia, de culturas y etnias, y ese es mi origen biográfico —el padre croata, la madre italiana—; a nivel religión haber vivido en el seno de una familia donde el catolicismo convivía con el budismo zen y hasta con el evangelismo. Lo que dice Infantas no es algo placentero, no es un elogio. La tragedia —aunque tal vez para algunos esto sea una ventaja, de los descendientes de inmigrantes —aquí José Kozer me podrá entender mejor que nadie— es carecer de una conciencia plena de adónde pertenece.

—Has mencionado la palabra “novela” para referirte a “Sparagmos”, luego utilizaste la palabra “capítulos”, ¿podrías explicar un poco este aspecto?

Recuerdo una conversación con los poetas Juan Carlos Suñen y Eduardo Milán (dos grandes amigos, lo que es difícil entre poetas) en donde discutíamos con Eduardo sobre una idea de Blanchot: “la novela es una invención de la poesía” —ojalá que no me lo tomen a mal mis amigos narradores—. Yo no sé si esto sea cierto no —tampoco me interesa saberlo— pero es un poco la apuesta de Sparagmos. Para mí, Sparagmos es una novela construida con retazos de poemas. Hay una trama.

—En la misma que dejas de ser el autor pues, en el capítulo “El cuerpo muerto”, encuentro a otros: Zurita, Mills, Courtousie, Mazzotti, Santiváñez, Guillén… que reescriben algunos de los textos del capítulo inicial.

Exactamente. Y todos son autores, y amigos, a los que admiro profundamente. Más que reescribir los textos, creo que el término más preciso sería se adueñan de ellos con libertad absoluta. Mills, por ejemplo, pudo trasladar el lenguaje original al del habla de las maras; Santiváñez convirtió el no-lugar inicial en su Matienzo. Y así cada uno. Tal vez la excepción sea Zurita, quien apostó por “cantar” a dúo con el texto original —algo así como en esas versiones especiales de algunas baladas.

—“Sparagmos”, y esto lo sé aunque no lo hayamos conversado abiertamente, pudo presentarse inicialmente en Lima, Santiago, Buenos Aires o Montevideo, ¿por qué elegiste Arequipa?

La razón es simple: acá me casé. No es la tierra de mi esposa, pero sí la de mi amor —qué importante— un lugar en donde el amor trascienda los nombres de quienes aman. Básicamente ésta ya es una razón de peso. Otra es que, entre las opciones editoriales, —para qué negarlo— hubieron muchas, mayormente en el extranjero, decidí apostar por Cascahuesos. Elegí esta editorial, primero porque me gusta mucho el trabajo que están haciendo, segundo por nuestra amistad —he tenido el privilegio de tenerte en mi taller— y tercero por el enorme cariño que siento por los poetas más jóvenes de aquí, desde Ignacio Infantas hasta Robert Baca. Arequipa me dio mucho, sobre todo la oportunidad de conocer gente realmente maravillosa nacida en Cuzco, Puno, Tacna o venida de lejos, como yo. En Arequipa está la casa, mi casa (y esto es pertenencia).

—Se celebran también 20 años desde tu primera publicación… ¿Qué te ha dado la escritura?

Bueno, en primer lugar no sé si toda efeméride deba celebrarse, ¿no? Otra cosa es que haya querido hacerlo. La escritura me ha dado la oportunidad de conocer personas extraordinarias. Mis mejores amigos (y los pocos enemigos) son poetas, yo no soy muy bueno para eso de relaciones de colegas. Me ha dado también la oportunidad de conocer otros países, de ver mis textos escritos en idiomas que jamás imaginé. En algún momento se convirtió hasta en un medio de vida, ¡cómo no estar agradecido! Ahora, tampoco es para ponerse a recitar: porque escribí porque escribí estoy vivo. Salvo el amor todo es recuerdo, y uno vive únicamente y sólo por su capacidad de amar.

*Publicado el 22 de diciembre de 2008 en La Torre de las Paradojas.

11 de febrero de 2009

Abundancia de la BREVEDAD: Las nuevas POSTALES de José Gabriel Valdivia



Luego de que en el 2003 apareciera Funesta Trova, libro que reunía toda la producción poética de José Gabriel Valdivia, habíamos esperado una nueva entrega que nos confirmara la presencia literaria de una de las voces más rigurosas y personales dentro de la nómina de poetas aparecidos en Arequipa en la década del 80.

Postales (Cascahuesos Editores, 2008) es una orgánica colección de poemas breves, cada uno de los cuales se inscribe dentro un registro de acendrado lirismo y expresivo desamparo, como si el curso de los años hubiera afianzado una dicción que encontrara en el despojo la verdadera sustancia de la creación poética.

Sólo tengo tiempo para decir lo que no quiero decir… (fax para Anaís). Distancia y duda sobre el oficio. El poeta sabe que libra una pugna con los límites de lo comunicable, por eso en el poema liminar declarará: Qué difícil expresar ternura en esta angustia tiznada de estrellas a la manera de un cuerpo en la desgracia (prólogo).

Una zozobra cierta, una búsqueda de fraternidad y de verídico amor recorren las cinco partes en que se halla dividido el libro. La primera sección, Rondas Infantiles, nos traslada al advenimiento inminente de un nuevo ser: Como un vocerío de huesos rotos su llanto en las calles se avecina Tu pecho se ha de partir en dos para ser madre… (capullo de estrella). El hablante poético debe admitir también los ciegos avatares que aguardan al recién llegado. En memoria del corazón, podemos leer: Ni tus palabras ni tus actos han de ser su memoria ni su historia Ni tus deseos ni tus miedos Ni sus triunfos ni canciones Han de ser tu infortunio ni destino…

La segunda sección de Rondas Infantiles aborda el tema del amor filial, la infancia resurge como un espacio de protección y gozo: Recostado en tu vientre escucho el girar del universo como un sollozo de niebla en el patio… (mamapacha).

Las siguientes secciones, Homínicas y Ecológicas, nos confrontan con una realidad hostil, el yo poético ha abandonado el cálido refugio de la infancia y se ha instalado contemplativo y taciturno en su nuevo entorno: Cuando pienso entristezco (0). O en este otro poema: Los pájaros pían sobre las tumbas y gotas de lluvia destapan los ojos desenterrados de los inocentes… (6). Asimismo, el contacto con la naturaleza aparece aquí como una súbita donación de nuestro júbilo perdido: Que tus manos acaricien el agua la hierba los pájaros las piedras como si fueran los talles perfumados de flores de las muchachas que ames (5).

Las últimas dos partes del libro llevan títulos más nítidamente literarios: Madrigales y Coplas. El primero recoge el tema amoroso y un anhelo de fraternidad con los otros: Un abrazo hondo i tierno como una mirada llevada por el viento o el paladear de un recién nacido en el pecho. Coplas constituye, en cierto modo, la cifra de lo que el sujeto poético nos ha estado diciendo a través de cada una de las secciones del poemario.

Aun cuando José Gabriel Valdivia demuestra un manejo sólido de la brevedad y la elegancia poéticas, pensamos que algunos disfuerzos verbales acusan un excesivo control sobre la materia artística, restándole frescura a algunos poemas del libro. No obstante, por todos los aciertos señalados, creemos que Postales nos devuelve a una propuesta que con el paso de los años ha ido afirmando una vocación ajena a las premuras editoriales y a las agendas literarias de moda, erigiéndose con solvencia en medio del actual desconcierto de la producción poética peruana.

Postales, 85 pp.
José Gabriel Valdivia,
Arequipa, Cascahuesos Editores, 2008

1 de febrero de 2009

Maurizio Medo y LA POESÍA AL MARGEN DE TODO


Por Daniel Martínez Lira

Sparagmos, el nuevo poemario de Maurizio Medo, intenta ser una propuesta estética en la cual textos dispersos, sumados a otros, se engarzan hasta generar un efecto dramático. El personaje, escrito en letras griegas, es el propio Medo; el sacrificio final del autor que busca vincular su obra con sus propios estertores.

· “Sparagmos” es un ritual dionisiaco ¿por qué la recurrencia a la cultura griega clásica?

El rito sacrifical y de antropofagia no es exclusivo de los griegos, también lo practicaron los mayas, pero por un aspecto puramente eufónico, me gusta el sonido de la palabra, elegí “sparagmos”. En lugar de recurrencia al mundo helénico, preferiría hablar de apropiación. Tiene que ver con el diálogo entre España y Latinoamérica. El problema que enfrentamos los escritores latinoamericanos, especialmente los poetas, es que desde España se nos contempla como subordinados, nos quedó el síndrome de los conquistados frente al conquistador. Aunque ya desde Vallejo, Parra o Haroldo de Campos el grito vanguardista de libertad fue dado. La pregunta es: ¿cómo leer desde Latinoamérica la cultura occidental?

· A medida que avanza Sparagmos las abundantes referencias literarias se van modernizando o actualizando…

Es una especie de genealogía. La intención es conversar con el primer poeta, ese cuyo nombre desconocemos pero cuya escritura hace posible que nosotros escribamos. Y luego continuar el diálogo con aquellos múltiples nombres en los que encarnó la escritura. Parto de la idea de Eliot de que ningún escritor puede existir aislado de la tradición. Reclamo ser parte de esa tradición, pero a la vez quiero ensuciarla, torcerla.

· Las referencias helénicas se entremezclan luego con el mundo moderno…

Cierto. Aparecen elementos como la Internet o el Reality show. Ya Aristóteles lo reclamaba todo para la poesía. Pero la poesía ha venido siendo despojada. Se ha desgajado en los diversos lenguajes que hoy conforman disciplinas como la antropología o la psiquiatría.

· Shakira y los Illia Kuryaky and the Valderramas y Jasón, el de los Argonautas, casi en un mismo verso…

Intento que la alta cultura, Jasón y los Argonautas, pueda tener un correlato con la nuestra. Si a un joven de veinte años le hablo de Jasón seguro me preguntará qué música toca. Esta coexistencia busca desnaturalizar los arquetipos míticos de la cultura occidental y mandarlos a una órbita pop… Hay que impugnar esa tradición metafísica heredada del mundo helénico para decir ¡carajo, que se callen las musas, ahora hablamos nosotros!

· Sin embargo, tu poesía no entra dentro de la categoría de lo pop…

Es marginal. La alta cultura maneja un amplio bagaje lingüístico. La idea es arrebatar ese lenguaje culto para utilizarlo dentro de una órbita alternativa. La poesía es un no-lugar, habita al margen de todo.

· Sparagmos es un poemario bastante complejo y difícil, más de un lector puede salir espantado…

No sé hasta qué punto la poesía sea un hecho comunicativo o informativo. Al lector hay que despertarlo, sacarlo de su estupor. Carlos Williams decía que un poema escrito es solo medio poema. El lector debe cumplir su rol. No ser más un pasivo rumiante. Y el poeta debe permanecer fiel a una estética, a determinada propuesta y no hacer concesiones de ningún tipo.

*Entrevista e imagen tomadas del semanario El Búho.